Por qué no se detuvo al capitán de Sea Shepherd, la respuesta más esperada ante muerte de pescador

San Felipe, 2 de marzo.- Ángela Toledo García se pregunta por qué las autoridades mexicanas que iban en el buque Farley Mowatno detuvieron al capitán que acababa de embestir y partir en dos la panga que tripulaban los pescadores Mario y Sergio -que provocó el fallecimiento del primero y heridas graves al segundo-; por qué en lugar de proceder como se esperaría después de un hecho violento escoltaron a la embarcación extranjera para que se retirara del lugar del incidente y luego saliera del país. Por eso es que la defensa jurídica de las familias afectadas prepara una demanda que presentará ante una corte internacional en Estados Unidos en la que reclamará que se juzgue y castigue a los responsables de la muerte y lesiones de los pescadores, se indemnice a sus familias, y se impida regresar a territorio nacional a ese barco y a cualquiera de la organización Sea Shepherd.

La joven se disculpa de que la emoción «le ganó», seca las lágrimas que se le escaparon al recordar cómo murió su hermano Mario Toledo el 1 de enero pasado, un día después de que el navío de Sea Shepherd Conservation Society impactara su lancha: «se quebró la cadera, pulmones y costillas; quedó totalmente reventado por dentro», recuerda y afirma que de haber vivido «tal vez no hubiera quedado bien», y considera que «tal vez le tocaba morir para que se hiciera algo justo», pues, asegura, el incidente no fue el primero que protagonizaban ese barco y el Sharpie, de la misma agrupación de bandera estadunidense, durante sus patrullajes en Golfo de California, frente a la costa de San Felipe donde ocurrió el incidente.

Sea Shepherd y la Secretaría de Marina de México reportaron el día de los hechos -31 de diciembre de 2020- que la panga se atravesó «intencionalmente» al buque en medio de un episodio de agresiones con plomadas, «artefactos explosivos artesanales» y otros proyectiles hacia los barcos de la organización por parte de pescadores que ingresaron a la zona de cero tolerancia, para tratar de impedir que les levantaran su red.

La presencia de ambos buques se justificaba en el marco de un convenio de Sea Shepherd con autoridades mexicanas para retirar las redes fantasma (así le llaman a los equipos abandonados por pescadores) de la zona de protección de la vaquita marina, una especie endémica de la zona que está en riesgo crítico de extinción, pero el abogado Jesús Rodolfo Cruz Sandoval, del Corporativo Fuerza Jurídica en Tijuana y San Diego, afirma que, según el convenio firmado el 17 de mayo de 2017 el Farley Mowat no tenía permiso para estar en aguas mexicanas dado que el acuerdo no lo incluye, además de que las tripulaciones de ambas embarcaciones se extralimitaba en el uso de las facultades contempladas en el contrato, pues cometían actos vandálicos y agresiones contra los pescadores y les destruían sus equipos.

Los pescadores no tenían ni media hora de haber colocado su red cuando llegó el barco que la partió junto con el Sharpie para impedirles trabajar porque se encontraban dentro del área de protección de la vaquita marina, según reportaron la misma organización y la Secretaría de Marina. El polígono prohibido o de «cero tolerancia» es de un millón 300 mil hectáreas, antes de que en 2015 el entonces presidente Enrique Peña Nieto firmara el acuerdo para prohibir totalmente la pesca comercial, el polígono era de 126 mil hectáreas.

La población de la vaquita marina ha caído en más de 90 por ciento desde que se decretara por primera vez la zona protegida hace 27 años; autoridades argumentaron que la marsopa más pequeña del mundo, endémica del área que San Felipe comparte con el Golfo de Santa Clara, en Sonora, muere incidentalmente en la pesca de totoaba, otra especie originaria que es altamente apreciada en China por su vejiga natatoria o buche por el que en aquel país pagan hasta 8 mil dólares por una pieza de un kilo y que según el gobierno federal la práctica para su captura está controlada por organizaciones criminales internacionales.

Sin embargo, los pobladores y pescadores conocidos en San Felipe aclaran que ellos solo se dedican a lo que han trabajado durante generaciones: a la captura de las muchas especies que hay en la región y bajo los términos permitidos. La pesca de totoaba fue lo que dio origen al pueblo hace 94 años, pero la alta demanda en el mercado chino mermó su población hasta casi extinguirla, por lo que en los 70 comenzó a prohibirse, pero actualmente hay proyectos de cultivo que permitirían su captura, pero solo para el mercado nacional. 

Apenas el 26 de febrero pasado, en una reunión que se llevó a cabo en Mexicali que encabezó la secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales, María Luisa Albores, se planteó la posibilidad de permitir esa actividad y reducir el polígono de cero tolerancia a menos del millón 300 mil hectáreas que decretó Peña Nieto. La funcionaria federal dijo ante representantes de los diferentes niveles de gobierno y de pescadores que a los ambientalistas no les gustaría que se modifique el área de prohibición, pero argumentó que «se cuenta con estudios técnicos suficientes que apuntan a una posible reducción del polígono de acuerdo con la distribución de la vaquita marina en la zona»; también ofreció revisar los términos del convenio que el gobierno federal firmó con Sea Shepherd.

La demanda 

El abogado Rodolfo Cruz Sandoval calcula que esta semana presentará la demanda ante una corte federal en la que se pedirá castigo contra los responsables (señala principalmente al capitán Paul Watson), se «arreste» en Farley Mowat para garantizar una indemnización a las familias de Mario y Sergio y a los afectados de agresiones por parte de la tripulación, además de que, como medida cautelar, se prohíba el regreso de cualquier embarcación de Sea Shepherd a aguas mexicanas y se obligue a entregar los videos del incidente tomados desde el barco porque solo se presentó un segmento en el que, asegura Cruz Sandoval, intentan hacer ver que la panga se atravesó «intencionalmente» al buque.

«En su video hacen ver como que si Mario y Sergio atravesaron su panga hacia ellos, pero no, ellos tenían una continuación de un círculo. En los datos de investigación que llevamos, Sergio es muy preciso en señalar que al ver que se acercaba el barco hacia ellos, él toma la protección de cuidar su red, y qué es lo que hace, empieza a hacer un tipo de vueltas, maniobras circulares continuas, esperando que el barco, que el capitán se alejara de su área donde estaba él circulando».

Será una demanda bajo la ley civil-marítima en el estado de Oregon donde Sea Shepherd tiene base, bajo el esquema TORT en el que acusadores y abogados se convierten en fiscales, contra la organización y el capitán Paul Watson. Se argumentará la muerte de Mario y las lesiones de Sergio con un barco que perteneció a la Guardia Costera de Estados Unidos, con características de peso, velocidad y equipo de una patrulla desde el cual se lanzaban chorros de agua a presión contra los pescadores, con riesgo de volcar sus lanchas, explica Cruz Sandoval y confía en que obtendrán buenos resultados en su litigio y advierte que aun cuando el o los responsables hayan salido de México, su despacho tiene experiencia en casos de extradición.

El abogado insiste en que Sea Shepherd rebasó las facultades del Convenio Específico firmado el 17 de mayo de 2017 por parte de la organización, de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, la Secretaría de Marina y el Museo de la Ballena, para retirar las redes fantasma del área de cero tolerancia para protección de la vaquita marina, y no para quitar los equipos a los pescadores y menos para hostigar y agredir a los trabajadores del mar, además de que en el acuerdo solo se menciona al Sharpie, incluso solo se presenta su pedimento de importación.

En el apartado III del inciso «e» anota que «no otorga facilidades de retención ni inspección de embarcaciones en materia pesquera, quedando dicha prerrogativa exclusivamente a cargo de autoridades competentes del Estado mexicano». El convenio fue firmado por el capitán Paul Watson, como presidente de Sea Shepherd, pero especifica que el responsable del personal que participa en las acciones es el director de Operaciones y Campañas Marinas de la organización, Lockhart MacLean.

«Hubo dolo»

Una demanda penal será presentada en Mexicali, por la muerte culposa de Mario y las lesiones a Sergio; será ante la Fiscalía General de la República porque escapa de la competencia del fuero común; Ángela Toledo destaca que irán con las autoridades del país vecino «porque el gobierno de Estados Unidos no se anda con juegos». Está consciente de que nada devolverá la vida a su hermano, pero espera que se les otorgue una indemnización para reparar el daño que cometieron contra un hombre que no hacía más que trabajar.

«Se me hace tan difícil hablar de eso, y tenía que pasar esto… ellos andaban pescando bien, salían a trabajar diario; a él tocó la mala suerte de estar ese día ahí, ellos no tenían ni media hora adentro del agua cuando llegó el barco y los embistió. Aunque el barco quiera hacer parecer que no fue así, pero sí fue así… hay prueba de que hicieron ese daño, la panga la partieron en dos, totalmente, el golpe más fuerte lo llevó mi hermano, él quedó con muchas heridas internas», recuerda la joven.

«Cuando pasó el accidente había varias pangas alrededor que cuando pasó se acercaron ellos como compañeros a ver qué había pasado. Ellos sacaron a uno, que fue el que sobrevivió y lo revivieron, ya después no supe si el barco se los quitó y se lo llevaron a él y mi hermano en la embarcación, pero la embarcación en vez de venirse a tierra se fueron más adentro, cosa que no debieron haber hecho… se miran los videos donde los mismos pescadores van y corretean el barco para que les entreguen a los heridos y los pudieran llevar a un hospital».

-¿Los llevaban en el barco de Sea Shepherd?

-Sí, y en lugar de venirse a tierra se fueron para adentro… tardaron más de dos horas correteándolos para que la Marina se los quitara otra vez y pudieran traerlos a tierra. Fueron dos horas perdidas que pudo haber sido otra cosa, si hubieran llegado a tiempo a tierra. Ya de ahí los trasladaron a Mexicali, primero nos habían dicho que a Ensenada, que los marinos se los habían llevado pero no fue así… no nos decían dónde estaban y al final a una de mis sobrinas le avisaron que ‘tu papá está aquí, en el Hospital General y que está grave y a lo mejor no la libra’.

Mario Toledo acababa de cumplir 56 años el 22 de diciembre, falleció a las 8:30 de la noche del 1 de enero y todavía muerto estuvo expuesto a dificultades , asegura su hermana. El Servicio Médico Forense entregó su cuerpo hasta el 6 de enero y recomendó que no se velara por la descomposición, incluso pretendía que se entregara cremado a la familia, dice Ángela; ella misma logró que se los dieran sin cremar y el día 7, cuando lo sepultaron, ya en el panteón desoyó una orden de que no abrieran el ataúd para verificar que se trataba de su familiar.

«Como hermana quiero que no siga habiendo más muertes, cuántas muertes más tiene que haber para que pare esto el gobierno… si no es aquí en México de perdida en Estados Unidos que los hagan que no entren a las aguas (del Golfo de California), que no son internacionales; es un barco que no tiene permisos, están ilegales, la tripulación no sabemos si tiene permiso o no para estar aquí, ellos vienen supuestamente a cuidar un especimen que no sabemos si existe», sentencia Ángela.

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